martes 16 de octubre de 2007

Pesadilla Kiotesca


Aprovechando que hoy es el día de acción del blog y este año el tema es el medio ambiente vamos a analizar una de las jugadas maestras de la política medioambiental española que a este respecto hemos hecho en el terreno internacional.

En el famoso protocolo de Kioto, firmado para limitar los gases de efecto invernadero nos la metieron hasta el fondo, resulta que para 2012 solo podíamos aumentar las emisiones de gases contaminantes un 10% frente a las mediciones de 1990. Parece un objetivo razonable teniendo en cuenta la misión de salvar nuestro planeta. Sin embargo si comparamos con otra serie de parámetros que se firmaron encontramos que los límites con los nos quedamos en 2012 por habitante y/o por P.I.B. son muy inferiores a los de otros países mucho más desarrollados que nosotros, como por ejemplo Alemania. Es necesario considerar que, mientras que nuestra economía encontraba en vías de desarrollo en esa época (y puede que todavía lo esté), otros países, véase Alemania, ya estaban plenamente industrializados. Por otro lado no impone ningún tipo de restricción a países en vías de desarrollo o subdesarrollados, con lo que China ya se ha puesto a la cabeza como primer país emisor de CO2, zampándose los esfuerzos de otros muchos países en un periquete.

La jugada nos va a empezar a costar auténticas millonadas de € a los españolitos a partir de 2008, puesto que si Kioto permitía un 10% de aumento en nuestras emisiones, andamos ya por el 55% de exceso. Para poder cumplir con el protocolo habrá que salir al exterior a comprar derechos de emisiones a países que emiten más contaminación que nosotros pero que realizaron correctamente sus deberes. Desde luego un sinsentido.

El protocolo es un fantasma sin la firma de EE.UU., imprescindible para que adquiera una auténtica dimensión global. Sin la rúbrica de la primera potencia mundial se queda a medio camino. Además, se ha olvidado de fomentar la eficiencia y el ahorro en economías emergentes amparándose en su derecho al desarrollo, sin considerar que somos las primeras potencias las que instauramos las fábricas contaminantes en esos territorios.

Se debe trabajar en un nuevo acuerdo global en el que los límites sean fijados de una forma equitativa y justa que permita desarrollarse (con control y eficiencia) a los países tercermundistas y cargue como es debido a los países avanzados y sus empresas que son los responsables de la mayor parte de las emisiones.

De hecho, como comenta Tim Harford su el magnífico libro El Economista Camuflado, el mejor método sería cargar a cada productos con el coste de emisiones que generan haciendo de esta manera que la eficiencia sea un factor plenamente competitivo.

Además de recomendar el libro estoy de acuerdo con el autor en su visión y espero que algún día se adopte.

 
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